Durante décadas, sobre la Montaña del Príncipe Pío se alzó uno de los edificios militares más imponentes y, al mismo tiempo, más trágicos de la historia de Madrid: el Cuartel de la Montaña. Hoy no queda rastro visible de aquel enorme complejo de ladrillo y granito, pero el lugar que ocupó sigue cargado de memoria. Bajo el actual parque y junto al Templo de Debod se esconden siglos de historia, guerra, violencia y silencio.
El cuartel comenzó a construirse en 1860, en un emplazamiento estratégico a las afueras del Madrid de la época. No era un lugar cualquiera. Aquel cerro había sido ya escenario de los fusilamientos del 3 de mayo de 1808, inmortalizados por Goya, lo que añadía al entorno un peso simbólico difícil de ignorar. La obra se prolongó durante tres años y dio lugar a un edificio de grandes dimensiones, con planta cuadrangular, amplios patios interiores y capacidad para albergar a miles de soldados. Fue concebido como una instalación moderna, sólida y funcional, destinada a convertirse en uno de los principales cuarteles de la capital.

Durante décadas, el Cuartel de la Montaña formó parte del paisaje cotidiano del oeste de Madrid. Sin embargo, su nombre quedaría inevitablemente ligado a uno de los episodios más decisivos y sangrientos del siglo XX español. En julio de 1936, tras el estallido del golpe de Estado contra la Segunda República, el cuartel se convirtió en el principal bastión de los militares sublevados en la ciudad. El general Joaquín Fanjul se atrincheró en su interior junto a oficiales rebeldes, falangistas y soldados, confiando en que la sublevación triunfaría rápidamente en Madrid. Esa ayuda nunca llegó.
El edificio quedó pronto rodeado por fuerzas leales al Gobierno republicano, entre ellas la Guardia de Asalto, unidades de la Guardia Civil, milicias obreras y artillería. Durante dos días, el cuartel fue sometido a un intenso asedio. Los cañonazos y los bombardeos causaron graves daños en la estructura, mientras la tensión crecía tanto dentro como fuera del recinto. Finalmente, en la mañana del 20 de julio de 1936, el Cuartel de la Montaña cayó. El asalto fue brutal y el desenlace, trágico: muchos de los defensores murieron durante el combate y otros fueron ejecutados tras la toma del edificio, en medio del caos y la violencia desatada.

La caída del cuartel tuvo un impacto decisivo. Supuso el fracaso del golpe militar en Madrid y aseguró que la capital permaneciera bajo control republicano durante buena parte de la Guerra Civil. A partir de ese momento, el edificio quedó reducido a un amasijo de ruinas, un símbolo físico de la derrota de los sublevados en la ciudad.
Tras el final de la guerra en 1939, el solar del cuartel aún viviría un último y oscuro episodio: durante un breve periodo fue utilizado como campo de concentración para prisioneros republicanos. Poco después, las ruinas fueron abandonadas y el futuro del lugar quedó en el aire. Se plantearon diversos proyectos, desde edificios oficiales hasta nuevas instalaciones políticas, pero ninguno llegó a materializarse.
Finalmente, el espacio fue transformado en un parque público, inaugurado en 1972, coincidiendo con la llegada a Madrid del Templo de Debod, hoy uno de los grandes iconos de la ciudad. En ese mismo año se levantó también el Monumento a los Caídos en el Cuartel de la Montaña, una escultura austera y contundente que recuerda a quienes perdieron la vida en los sucesos de julio de 1936. Su presencia, discreta pero poderosa, invita a la reflexión en un entorno que hoy muchos asocian únicamente al paseo, el atardecer y las vistas sobre la Casa de Campo.
El Cuartel de la Montaña ya no existe, pero su historia sigue latiendo bajo el suelo que pisan madrileños y visitantes. Fue testigo de algunos de los momentos más intensos de la ciudad: desde la herencia de 1808 hasta el estallido de la Guerra Civil. Recordarlo no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino también una forma de entender cómo Madrid ha ido construyendo, sobre sus heridas, el paisaje urbano que conocemos hoy.
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Hola. Buen artículo, pero deberias de evitar el uso de «ejército nacional» para referirte a las tropas rebeldes o sublevadas que luego serán las franquistas, es terminología bastante anticuada de epoca franquista
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