Durante décadas, miles de madrileños han pasado por la Carrera de San Jerónimo, muy cerca del Congreso de los Diputados, sin saber que en uno de sus edificios se produjo uno de los momentos más decisivos de la historia cultural española. Allí, donde hoy funciona un centro de salud, se levantó el Hotel Rusia, un establecimiento hoy desaparecido que fue testigo de un acontecimiento extraordinario: la primera proyección cinematográfica pública en España.
El edificio fue construido en 1866 y pocos años después abrió sus puertas como el Gran Hotel de Rusia, un alojamiento elegante y moderno, acorde con una ciudad que comenzaba a sacudirse definitivamente su aire decimonónico. En una época en la que Madrid empezaba a mirar a Europa con ambición, no resultaba extraño que hoteles, cafés y comercios adoptaran nombres extranjeros que evocaban modernidad, prestigio y cosmopolitismo. El Hotel Rusia se convirtió así en un punto de referencia para viajeros, artistas y burgueses, situado además en una de las arterias más vivas del centro histórico.

La planta baja del hotel albergó distintos negocios, entre ellos el popular establecimiento “Los Diamantes Americanos”, especializado en bisutería y perfumes, muy frecuentado por el público madrileño. Sin embargo, el verdadero giro histórico del edificio llegaría en la primavera de 1896, cuando un invento todavía desconocido para la mayoría iba a fascinar a la ciudad.
El 13 de mayo de 1896, el salón comedor del Hotel Rusia fue alquilado por Alexandre Promio, operador de los hermanos Lumière, para realizar una demostración pública del recién creado cinematógrafo. El espacio fue transformado para la ocasión: se oscurecieron las paredes, se cubrieron las ventanas y se instaló una pantalla blanca. Lo que allí ocurrió dejó atónitos a los asistentes. Por primera vez, los madrileños contemplaron imágenes en movimiento, escenas de la vida cotidiana, acciones aparentemente simples que cobraban vida ante sus ojos.

Se proyectaron varias películas breves, entre ellas Salida de los obreros de la fábrica, El regador regado —considerada la primera comedia cinematográfica— y grabaciones realizadas en Madrid como Maniobras de artillería en Vicálvaro. El éxito fue inmediato. La prensa habló de un invento prodigioso y las sesiones se multiplicaron a lo largo del día, desde la mañana hasta la noche, con entradas que costaban una peseta. Durante meses, el salón del Hotel Rusia se convirtió en el primer cine de España y en una atracción imprescindible para curiosos y amantes de la novedad.
A comienzos de 1897, las proyecciones comenzaron a trasladarse a teatros y locales más grandes, y el cine inició su rápida expansión por Madrid. El Hotel Rusia, aunque ya había pasado a la historia, continuó su actividad como establecimiento hotelero durante algunos años más. Con el tiempo, el edificio fue perdiendo su función original y acabó siendo transformado para otros usos hasta desaparecer definitivamente como hotel.

Hoy, el inmueble sigue en pie, aunque profundamente modificado. Funciona como centro sanitario, pero aún conserva detalles arquitectónicos originales y varios elementos que recuerdan su pasado. En su interior puede verse un mural homenaje al nacimiento del cine, y en la fachada, placas conmemorativas recuerdan que allí comenzó una historia que cambiaría para siempre la manera de contar y mirar el mundo.
El Hotel Rusia ya no existe, pero su legado permanece. En un sencillo salón de hotel, sin alfombras rojas ni grandes salas, comenzó la relación de Madrid con el cine. Un episodio casi olvidado que demuestra cómo, a veces, los grandes hitos culturales nacen en los lugares más inesperados y cotidianos.
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