Fray Félix Lope de Vega Carpio nació en Madrid el 25 de noviembre de 1562, estudió en el Colegio Imperial de Madrid y en la Universidad de Alcalá de Henares. Su vida estuvo llena de amores, desgracias y aventuras. Fue procesado por ser amante de Elena Osorio, mujer casada, siendo desterrado, tras lo que participa en la conquista de las Azores y con la Armada Invencible. Poco después se casa con Isabel de Urbina, con quién tendría tres hijos, falleciendo los tres desgraciadamente. Tras la muerte de Isabel, se vuelve a casar en 1598, con Juana de Guardo, con la que tendría dos hijos, Carlitos, que muere con siete años y Feliciana, que nace en 1613 muriendo su madre en el parto. Convive con su amante, Micaela de Luján, entre 1601 y 1616, de la que tiene siete hijos. En 1614 es ordenado sacerdote en Toledo, pese a lo cual convive con Marta de Nevares, entre 1616 y 1632, con quien tiene una hija, Antonia Clara.

Un año antes de la muerte de Lope, esta última hija, “Antoñica”, es raptada por Cristóbal Tenorio, hecho que llenaría de dolor a Lope y que precipitaría el final de su vida, el 26 de agosto de 1635. Su entierro se convirtió en una muestra de gran fervor popular, y su hija Marcela, monja del Convento de las Trinitarias, verá pasar desde su ventana, el féretro de su padre. La inmensa fertilidad literaria de Lope hace de él uno de los máximos exponentes de nuestra literatura del Siglo de Oro. Conocido como el Fénix de los Ingenios, de sus manos salieron innumerables poesías y obras teatrales.

Según Mesonero Romanos en su obra “El antiguo Madrid”, Lope compra una casa en la calle de Francos (hoy de Cervantes) nº15, al mercader Juan Ambrosio Leva, como consta en escritura pública del 7 de septiembre de 1610. Había sido construida hacia 1587, siendo su propietaria Inés de Mendoza, viuda de Juan Pérez y, hacia 1590, era propiedad del capitán Juan de Villegas y su mujer Mariana Ayala. A la muerte de éstos, la casa pasa a ser propiedad del mercader en lanas Juan Ambrosio Leva, por escritura del 10 de enero de 1608.

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Constaba la casa de dos plantas con un pequeño huerto y Lope pagó por ella 9000 reales. Sobre el dintel de la puerta de entrada hizo grabar en la piedra el lema “Parva propia magna / Magna aliena parva”, “morada pequeña propia es grande, morada grande ajena es pequeña”. Tenía 53 pies de anchura por 100 de profundidad. En la planta baja estaba el zaguán, por el que se accedía al huerto, al oratorio, donde Lope celebraba misa a diario, al estudio, donde escribía sus obras, al Estrado, donde se hacía la vida familiar, al comedor, la cocina y los dormitorios. En la segunda planta se encontraban las habitaciones de huéspedes y del servicio.

Al morir Lope, hereda la casa su hija Feliciana, esposa de Luis de Usátegui y a su muerte pasa a su hijo Luis Antonio de Usátegui, capitán de Infantería en Milán. El nieto de Lope, sin haber conocido a su abuelo, vende la casa en 1674 a Mariana Romero, cómica y entonces religiosa y compañera de la hija de Lope, sor Marcela, en el cercano convento de las Trinitarias.

Desde entonces la casa sufrió diversas modificaciones, en función de los propietarios que la ocupaban. Las reformas que más afectaron fueron las construcciones llevadas a cabo en el lugar que antes ocupara el huerto, convirtiéndolo en viviendas pequeñas con acceso por una escalera exterior. El 21 de junio de 1825 compró la casa Francisco María López de Morelle, cuyos hijos continuaron en ella, al menos hasta 1881.

En 1862, para celebrar el tercer centenario del nacimiento de Lope de Vega, la Real Academia Española celebró una junta solemne en la casa, se publicó una memoria de la misma y se colocó una placa conmemorativa. Desde entonces la Real Academia mantuvo su interés en adquirir la casa, pero no fue hasta 1929 cuando tuvo ocasión de realizar sus deseos, hasta que no fallece el 3 de mayo de ese año la última propietaria del inmueble, Antonia García, viuda de Cabrejo. Ésta había dedicado sus últimos años a coleccionar objetos antiguos, especialmente encajes y en su testamento, dejaba todos sus bienes para construir una fundación que otorgase la enseñanza gratuita de encaje a veinte niñas huérfanas. Por fin el 29 de mayo de 1931 se firma una escritura por la que la Fundación García-Cabrejo, es la propietaria de la casa y el patronazgo lo tiene la Real Academia Española, salvado así la casa de Lope de Vega de un destino incierto para convertirla en museo.

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Enseguida se emprendió la rehabilitación de la casa, dirigida por Pedro Muguruza, con el asesoramiento del académico Francisco Javier Sánchez Cantón y de Julio Cavestany, vocal directivo de la Sociedad de Amigos del Arte. Se demolieron los restos de las viviendas construidas y al desescombrar todo, se encontraron las trazas del huerto y dentro del pozo se encontró un trozo del dintel de la puerta, con la inscripción original. También se trajeron muebles y cuadros del escritor, que la comunidad del Convento de las Trinitarias había guardado. En 1935, la casa de Lope de Vega fue declarada Monumento Histórico Artístico y se abrió al público como museo. Entre 1973 y 1975 se llevó a cabo una restauración a cargo del arquitecto Fernando Chueca Goitia.

En febrero de 2008, el director de la Real Academia Española y el consejero de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid firmaron un convenio de cesión por un periodo de 15 años, renovable hasta 30. El objetivo es la rehabilitación del edificio, convirtiendo la vivienda en un espacio dedicado a conferencias, conciertos y eventos culturales, además de su promoción turística.


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