Madrid Desaparecido: Frontón Fiesta Alegre

Hace un tiempo hablamos sobre el Frontón Jai Alai, el cual se encontraba en Atocha y era uno de los mayores de la ciudad. Aprovechando el tirón popular de él y el entusiasmo de los madrileños por el juego de la pelota, no se tardó en construir nuevos frontones industriales en la ciudad. Es el caso del Frontón Fiesta Alegre.

Construido el 6 de mayo de 1892 en la calle Marqués de Urquijo (antigua cuesta de Areneros), esquina a Juan Álvarez Mendizábal. Su nombre provenía de la traducción original del vasco Jai Alai. Al situarse entre los barrios de Argüelles y Pozas, el Fiesta Alegre fue uno de los edificios deportivos más suntuosos y elegantes que existieron en Madrid, y al mismo tiempo, el frontón de mayores dimensiones, con una capacidad para 5500 espectadores y una extensa cancha de juego de 72 metros de largo por 11,5 de ancho, con 18 cuadros, cuando lo normal eran 16 o 16,5. Como curiosidad, contaba con un palco expresamente reservado para la familia real, con entrada exclusiva por la calle Juan Álvarez Mendizábal.

El proyecto fue realizado por Eduardo Fernández Rodríguez y dirigió las obras el arquitecto Andrés Octavio Palacios, que años después sería responsable, junto con su colega José López Salaberry, del proyecto de la Gran Vía. Los propietarios del Fiesta Alegre eran los hermanos Vicente y José Rodríguez, aunque el primero falleció en octubre de 1893, con 32 años.

El edificio presentaba una línea muy clásica en sus fachadas exteriores, que le daban “hermosa apariencia de academia o ateneo”, según La Ilustración Española y Americana, aunque en el interior, su graderío en curva fue comparado con el de las grandes plazas de toros.

La inauguración del Fiesta Alegre, el 6 de mayo de 1892, se llevó a cabo con un lleno absoluto en todas sus localidades y la presencia de la más selecta aristocracia de la ciudad, aunque el palco regio no fue ocupado hasta el final del partido, cuando apareció la infanta Isabel, acompañada de la marquesa de Nájera. La expectación por acudir al evento fue tan grande que el pedido de localidades llegó a 20000, cuando la capacidad del recinto era de 5500 y en la reventa se pagaron precios desorbitados por entradas de palco o tendido. Además, se comentó en algunos periódicos el escandaloso hecho de que muchos diputados de las Cortes españolas habían abandonado su lugar de trabajo antes de tiempo, para no perderse la inauguración.

En el partido de presentación se enfrentaron en un encuentro a 30 tantos, Irún y Rufino Osoro contra Muchacho y Pedro Yarza, el Manco de Villabona, jugador este último de enorme capacidad, a pesar de tener un brazo amputado. Irún y Muchacho ya habían estado en la inauguración del Jai Alai y durante el partido el segundo tuvo que ser sustituido por lesión por el famoso pelotari Román Beloqui, que ejercía de juez de silla. Al margen de las cuestiones deportivas, causó cierta controversia el que en el Fiesta Alegre se establecieran los colores azul y blanco en boinas y fajines, como distintivo de los equipos, a diferencia del resto de los frontones, que utilizaban el rojo y el azul.

El primer intendente del Frontón Fiesta Alegre fue Félix Astiz, que por desgracia falleció a los dos meses iniciada su labor, por lo que fue sustituido en julio de 1892 por el veterano pelotari Francisco Alberdi, Baltasar. A pesar de todo, el frontón llenó de público su enorme recinto desde el primer día de programación deportiva. Según la prensa madrileña, aparte de la dificultad para hacerse con entradas en los encuentros más interesantes, “era obra de romanos encontrar un coche o tomar por asalto un puesto en los coches del tranvía” para llegar hasta el nuevo frontón, pues estos “iban ocupados hasta los estribos, siendo preciso enganchar hasta tres mulas más en cada vehículo para poder subir la cuesta de la calle Ferraz”.

El éxito del Fiesta Alegre, que ofrecía partidos casi todos los días, produjo un movimiento enorme de dinero en las apuestas por unos u otros pelotaris. Según afirmaba El Motín en su edición del 23 de julio de 1892, en un sólo mes se habían jugado 6 millones de reales en el Frontón Jai Alai y otros 6 en Fiesta Alegre. Pronto se alzaron las voces de denuncia por ello. Algunas personas llegaron a apostarse todos sus ahorros, lo que en caso de pérdida provocaba verdaderas tragedias familiares e incluso suicidios, como el que ocurrió en el Fiesta Alegre cuando un dependiente del mismo frontón se quitó la vida tras perder dos mil y pico pesetas en un sólo partido. Por actuaciones como estas provocó que la burbuja explotara y el frontón cesara su actividad.

En 1901 ya dejó de funcionar como frontón, al haberse transformado en cuartel de la Brigada de Sanidad Militar, situación que continuaba en 1913.

El edificio sufrió diversas transformaciones hasta ser demolido.


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Bibliografía consultada

  • Frontones madrileños. Ignacio Ramos.

© Gato por Madrid

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