La Iglesia de la Santa Cruz de Madrid fue durante siglos uno de los espacios religiosos y urbanos más significativos de la ciudad, un reflejo de las transformaciones sociales, arquitectónicas y espirituales que ha vivido la capital desde la Edad Media hasta principios del siglo XX.


La historia de este templo se remonta al arrabal de Santa Cruz, entonces fuera de las murallas medievales de Madrid, donde se levantó una ermita vinculada a la devoción por la Santa Cruz tras la victoria cristiana de 1212 en las Navas de Tolosa. Esta ermita fue creciendo en importancia conforme la villa se expandía por el camino de Atocha, hasta convertirse en una de las parroquias más destacadas de Madrid, reconocida oficialmente desde antiguo y con un amplio territorio feligresal.
El edificio original, situado en lo que hoy es la Plaza de Santa Cruz, destacaba por su torre monumental conocida como “la Atalaya de la Corte”, erigida entre 1627 y 1660 por el arquitecto Francisco del Castillo, con una altura colosal para la época y visible desde muchos puntos de la villa. La portada principal, en granito, estaba decorada con un relieve que representaba la Invención de la Santa Cruz, obra de Pablo González Velázquez, flanqueada por columnas jónicas de José Jiménez Donoso.


A lo largo de su historia, la iglesia sufrió numerosos avatares: incendios (como los de 1620 y 1763) que arrasaron partes importantes de la estructura y obligaron a profundas restauraciones, así como el desplome del altar mayor en 1726, que causó la muerte de más de ochenta fieles. A pesar de estos reveses, siguió siendo un foco de vida religiosa, social y cofrade, albergando hermandades como la de la Caridad y la de la Paz, que acompañaban a los condenados desde la cercana cárcel de Corte hasta su ejecución, lo que reforzaba su papel en la vida comunitaria de Madrid.
Sin embargo, en plena revolución de 1868–1869, cuando muchas de las estructuras antiguas de la ciudad se consideraban ruinosas o incompatibles con los proyectos urbanísticos modernos, la vieja iglesia fue demolida por completo. Tras su derribo, la parroquia no desapareció, sino que fue trasladada a la cercana iglesia del convento de Santo Tomás de los dominicos, desamortizado tras las leyes de Mendizábal de 1836.

Lamentablemente, este nuevo templo también sufrió un devastador incendio en 1872 y fue finalmente derribado. La vocación de la parroquia encontró así su asentamiento definitivo a finales de siglo. En 1889 comenzaron las obras de lo que sería la nueva Iglesia de la Santa Cruz, edificada en el solar del desaparecido convento y diseñada por Francisco de Cubas, marqués de Cubas, con el apoyo de Miguel de Olabarría tras el fallecimiento de Cubas.
La construcción avanzó con dificultades económicas, se interrumpió y reanudó gracias a una suscripción popular, hasta que finalmente fue consagrada en 1902. El templo actual, declarado Bien de Interés Cultural, es un edificio imponente de estilo neogótico y elementos neomudéjares, construido en ladrillo y piedra de Colmenar, con una torre de cerca de 60 metros cuya silueta recuerda la antigua atalaya barroca que marcó el horizonte madrileño durante siglos. Su fachada, rematada con un gran rosetón y un relieve de Aniceto Marinas. Hoy, la Parroquia de Santa Cruz sigue siendo un lugar de intensa actividad espiritual y comunitaria en el centro de Madrid. En su interior se veneran imágenes muy queridas por los fieles, como la de San Judas Tadeo, conocido como el “santo de las causas difíciles”, que congrega cada semana a multitud de devotos.
También alberga hermandades históricas que participan activamente en la vida litúrgica y en las procesiones de Semana Santa, manteniendo viva una tradición centenaria que enlaza con las raíces más antiguas de la parroquia. Así, aunque la iglesia original desapareció físicamente con el paso de los años, su espíritu perdura tanto en el nombre de la plaza que recuerda su ubicación como en el templo actual que continúa acogiendo a generaciones de madrileños desde finales del siglo XIX.
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