Durante más de medio siglo, la Cárcel Modelo de Madrid fue uno de los edificios más significativos —y temidos— de la capital. Concebida como un ejemplo de modernidad penitenciaria, su historia terminó marcada por la violencia política y por uno de los episodios más trágicos de los primeros meses de la Guerra Civil Española. Hoy, desaparecida físicamente, la Modelo sigue ocupando un lugar destacado en la memoria histórica de Madrid.

La construcción de la cárcel respondió a una necesidad urgente. A mediados del siglo XIX, la antigua Cárcel del Saladero se encontraba en condiciones deplorables, tanto desde el punto de vista higiénico como funcional. En un contexto de reformas impulsadas por nuevas ideas sobre el castigo y la rehabilitación, el Estado aprobó en 1876 la edificación de una prisión moderna, inspirada en los principios del sistema panóptico defendido por el filósofo Jeremy Bentham. El objetivo era claro: controlar mejor a los reclusos, individualizar las penas y favorecer la regeneración moral del preso.
Las obras comenzaron en 1877 bajo la dirección de los arquitectos Tomás Aranguren y Eduardo Adaro, y la cárcel fue inaugurada oficialmente en diciembre de 1883. El edificio ocupaba una extensa manzana en las inmediaciones de Moncloa, entonces una zona todavía poco urbanizada. Su diseño radial, con cinco galerías que partían de un núcleo central de vigilancia, le valió el sobrenombre popular de “el abanico”. Cada preso disponía de una celda individual, algo muy avanzado para la época, y el conjunto contaba con patios, talleres, capilla y dependencias administrativas.

Durante décadas, la Cárcel Modelo fue la principal prisión masculina de Madrid. Por sus celdas pasaron delincuentes comunes, pero también numerosos presos políticos, reflejo de la inestabilidad política de la España de finales del XIX y comienzos del XX. En sus muros convivieron anarquistas, sindicalistas, militares, intelectuales y dirigentes políticos de muy distinto signo. La prisión se convirtió así en un termómetro de la tensión social del país. Incluso figuras internacionales, como León Trotsky, pasaron brevemente por la Modelo durante su exilio.
Con la proclamación de la Segunda República en 1931, la cárcel continuó funcionando, aunque cada vez más desbordada. El estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 marcó el principio del fin del edificio y de su papel institucional. Madrid quedó en zona republicana y la Modelo se llenó rápidamente de militares sublevados, falangistas y personas consideradas enemigas del nuevo orden. La prisión, diseñada para algo más de un millar de internos, llegó a albergar varios miles en condiciones extremas de hacinamiento.

El episodio más dramático ocurrió el 22 de agosto de 1936. Tras difundirse rumores de una supuesta fuga o levantamiento interno, un grupo de milicianos, apoyados por una multitud exaltada, irrumpió en la cárcel. En medio del caos, con incendios y disparos dentro del recinto, varios presos fueron sacados de sus celdas y ejecutados sin juicio. Entre las víctimas se encontraban militares de alta graduación y conocidos dirigentes políticos de derechas. La llamada Matanza de la Cárcel Modelo causó un profundo impacto dentro y fuera de España y puso en evidencia la pérdida de control del Estado republicano en aquellos primeros meses de guerra.
Aunque la prisión siguió utilizándose de forma residual durante el conflicto, los daños materiales y simbólicos eran irreparables. Tras el final de la guerra, en 1939, se decidió su cierre definitivo y posterior demolición. En su solar se levantó el Ministerio del Aire, hoy Cuartel General del Ejército del Aire y del Espacio, un edificio monumental que borró casi por completo las huellas físicas de la antigua cárcel.

Sin embargo, la Cárcel Modelo no ha desaparecido del todo. Su recuerdo pervive en la historiografía, en documentales, en fotografías antiguas y en el debate sobre la violencia política y la memoria histórica. De prisión concebida como ejemplo de progreso pasó a convertirse en símbolo del fracaso del orden y de la brutalidad que acompañó a la Guerra Civil. La historia de la Modelo es, en definitiva, la historia de una España convulsa que vio cómo incluso los proyectos más racionales podían acabar devorados por el conflicto.
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El testimonio de don Ricardo Rambal Madueño preso falangista difere de esos hechos: «Ese día, muy temprano, nos hicieron salir al patio a esperar órdenes. Cuando más confiados estábamos, unas ametralladoras, instaladas en unas casas del paseo de Moret, comenzaron a dispararnos. Cayeron muchos, pues nos cogieron por sorpresa. Yo corrí a refugiarme a un muro con otro grupo de presos. En ese instante abrieron las celdas de los comunes, para dejarles en libertad, y las ametralladoras dejaron de disparar. Corrimos a refugiarnos en nuestra galería. Algunos de los comunes, antes de marcharse, prendieron fuego a la prisión. La panadería, que estaba debajo de la entrada a nuestra galería, fue la dependencia más afectada, hasta el punto de hundirse el techo y dejarnos aislados del exterior, eso nos salvó»
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