El Huerto de las Monjas: el jardín secreto escondido en pleno Madrid de los Austrias

En pleno corazón del Madrid más antiguo, a apenas unos pasos de la calle Mayor y de la Plaza de la Villa, se esconde uno de esos lugares que parecen guardar un secreto. Tras un discreto acceso en la calle Sacramento aparece, casi por sorpresa, el Huerto de las Monjas, un pequeño jardín escondido entre edificios que conserva una atmósfera de calma difícil de imaginar en una de las zonas más transitadas de la ciudad.

Quien llega hasta aquí suele hacerlo por casualidad. Desde la calle apenas se intuye lo que hay detrás, pero basta atravesar un sencillo pasaje para encontrarse con un rincón verde lleno de bancos, árboles y silencio. Es uno de esos lugares de Madrid que todavía mantienen la sensación de descubrimiento, como si se tratara de un jardín privado que el tiempo ha olvidado.

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Un huerto conventual en pleno siglo XVII

El origen de este lugar se remonta al siglo XVII, cuando el terreno formaba parte del antiguo convento del Santísimo Sacramento. Este convento fue fundado en 1615 por Cristóbal Gómez de Sandoval, duque de Uceda y uno de los hombres más influyentes de la corte de Felipe III. En él vivían las religiosas cistercienses conocidas como las Bernardas.

Como ocurría en muchos conventos de la época, las monjas disponían de un huerto donde cultivaban alimentos para su propio sustento. En aquel espacio crecían verduras, hortalizas y árboles frutales que abastecían la cocina del convento. Era un lugar de trabajo, pero también de recogimiento, protegido del bullicio de la ciudad por altos muros.

Durante siglos, este pequeño huerto permaneció prácticamente invisible para los madrileños. Mientras la ciudad cambiaba y crecía a su alrededor, el recinto conventual seguía siendo un espacio cerrado y silencioso, fiel al ritmo pausado de la vida monástica.

El convento desaparece, pero el jardín sobrevive

La historia del lugar cambió radicalmente en el siglo XX. Durante la Guerra Civil española, el convento sufrió importantes daños y tuvo que ser reconstruido años después. Sin embargo, su destino estaba marcado. En 1972 el edificio fue finalmente demolido para levantar viviendas y oficinas.

Afortunadamente, el antiguo huerto no corrió la misma suerte. El pequeño jardín se conservó y quedó encajado entre las nuevas construcciones. Con el paso del tiempo se transformó en un espacio público y pasó a conocerse popularmente como Huerto de las Monjas, un nombre que recuerda su pasado conventual.

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También se le conoce como Jardín del Palacio O’Reilly, debido a la proximidad de este histórico palacio situado en la misma calle Sacramento.

Un oasis inesperado en el centro de Madrid

Hoy el Huerto de las Monjas es uno de esos lugares que sorprenden incluso a muchos madrileños. Aunque es un espacio pequeño, tiene un encanto especial. Los senderos atraviesan un jardín tranquilo donde crecen distintos árboles y plantas, y donde el sonido del agua y el canto de los pájaros sustituyen por un momento al ruido de la ciudad.

Sentarse en uno de sus bancos permite disfrutar de una sensación poco habitual en pleno centro histórico: silencio. Desde algunos puntos del jardín incluso se puede ver la cúpula de la cercana iglesia de San Andrés asomando entre los tejados, un detalle que añade todavía más carácter al lugar.

En primavera, cuando florecen los almendros y otras especies del jardín, el rincón adquiere un aire especialmente romántico que lo convierte en uno de los espacios más fotogénicos del barrio.

La elegante Fuente de la Priora

En el centro del jardín destaca uno de sus elementos más llamativos: la llamada Fuente de la Priora. Se trata de una elegante fuente de hierro fundido decorada con pequeños querubines que sostienen el surtidor de agua.

La pieza fue fabricada en París por las famosas fundiciones artísticas del Val d’Osne y lleva todavía la inscripción de la casa que la creó. La fuente llegó al jardín en la segunda mitad del siglo XX, después de ser trasladada desde otro palacio madrileño demolido durante los años sesenta.

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Hoy se ha convertido en uno de los símbolos del Huerto de las Monjas y en uno de los detalles más fotografiados del lugar.

Un secreto que muchos madrileños aún desconocen

A pesar de encontrarse en una de las zonas más históricas de Madrid, el Huerto de las Monjas sigue siendo un rincón poco conocido. Muchos turistas y vecinos pasan cada día a escasos metros de su entrada sin sospechar que tras esos edificios modernos se esconde este pequeño jardín.

Quizá precisamente por eso conserva su magia. No es un gran parque ni un espacio monumental, pero tiene algo que lo hace especial: la sensación de haber descubierto un pequeño refugio en medio de la ciudad.

Un lugar donde el Madrid del siglo XXI convive con el recuerdo de aquel antiguo huerto conventual en el que, hace más de cuatrocientos años, unas monjas cultivaban en silencio su pequeño pedazo de tierra.

Si te gusta explorar los rincones secretos de la ciudad, el Huerto de las Monjas es, sin duda, uno de esos lugares que merece la pena descubrir.


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