En el corazón del Madrid de los Austrias, lejos del bullicio de las grandes avenidas pero muy cerca de la historia más profunda de la ciudad, se encuentra la Cuesta de los Ciegos, uno de esos lugares donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo. Esta escalinata empinada y silenciosa conecta la calle de Segovia con la plaza de la Morería y las Vistillas, salvando un desnivel que durante siglos fue una ladera abrupta y difícil de transitar.
La actual escalinata, construida a comienzos del siglo XX, cuenta con más de doscientos escalones de granito dispuestos en tramos en zigzag, una solución urbanística pensada para facilitar el paso por una de las pendientes más pronunciadas del casco histórico madrileño. Antes de esta intervención, el lugar era tan incómodo y resbaladizo que los vecinos lo conocían popularmente como Arrastraculos, un apodo tan gráfico como revelador de la dureza del terreno.

El origen del nombre oficial, Cuesta de los Ciegos, se pierde entre la historia documentada y la tradición oral. Una de las explicaciones más aceptadas remite a la presencia habitual de ciegos mendicantes y músicos que se asentaban en la zona durante los siglos pasados, una imagen común en el Madrid antiguo. Sin embargo, la leyenda más evocadora vincula el lugar con un supuesto milagro de San Francisco de Asís, quien, según la tradición, habría devuelto la vista a dos ciegos en este mismo enclave durante su paso por la ciudad en el siglo XIII. Sea cual sea la versión verdadera, ambas han contribuido a dotar a la cuesta de un aura simbólica que aún hoy se percibe.
A los pies de la escalinata se encuentra la Fuente de la Cuesta de los Ciegos, instalada en 1932 durante la Segunda República. Más allá de su función práctica, la fuente posee un notable valor histórico, ya que conserva el escudo republicano original tallado en piedra, uno de los pocos vestigios visibles de aquel periodo que sobrevivieron a los cambios políticos posteriores. Este detalle convierte a la fuente en un pequeño testimonio material de la historia reciente de Madrid.

Pero la Cuesta de los Ciegos no solo guarda secretos a la vista. Bajo sus escalones se esconde un entramado de galerías subterráneas que despiertan la curiosidad de historiadores y arqueólogos. Estos pasadizos, de probable origen medieval e incluso con posibles restos árabes, habrían servido para la conducción de agua o como vías de comunicación subterránea entre distintos puntos estratégicos de la ciudad. Aún hoy, por estas galerías circula agua limpia, recordando que el subsuelo de Madrid es tan complejo y fascinante como su superficie.
La atmósfera única del lugar no ha pasado desapercibida para el cine. A lo largo de las décadas, la Cuesta de los Ciegos ha sido escenario de numerosas películas españolas, desde el cine social de los años cincuenta y sesenta hasta producciones contemporáneas. Su estética sobria, su aire castizo y su capacidad para evocar un Madrid intemporal la han convertido en un plató natural muy apreciado por directores y fotógrafos.

Actualmente, recorrer la Cuesta de los Ciegos es una experiencia tranquila y casi introspectiva. Desde sus tramos más altos se disfrutan vistas hacia la Catedral de la Almudena, el Viaducto de Segovia y los jardines de Las Vistillas, mientras que el silencio relativo del entorno invita a detenerse y observar. Es un lugar que no suele figurar en las rutas turísticas más concurridas, pero que recompensa al visitante con una sensación auténtica de ciudad vivida y heredada.
La Cuesta de los Ciegos no es solo una escalera: es un fragmento de la memoria de Madrid, donde se superponen leyendas medievales, reformas urbanas modernas, restos subterráneos y escenas de cine. Un rincón discreto que resume, en apenas unos metros de pendiente, siglos de historia madrileña.
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