La antigua Fábrica de Tabacos se situa en la calle de Embajadores nº 51 y 53 con vuelta a las calles de Miguel Servet, de Provisiones y a la glorieta de Embajadores.

Dentro del plan urbanístico de Carlos III, destaca el establecimiento de fábricas en la zona sureste de Madrid. En 1780, se construye este inmueble, destinado a la fabricación de aguardientes y alcoholes, naipes, papel sellado y depósito de efectos plomizos, productos cuya venta libre estaba prohibida en aquella época. Un año después, en septiembre, se compran las huertas de los Clérigos Seglares de San Cayetano, para comenzar las obras del edificio.

El lugar elegido estaba situado en las afueras de Madrid, aunque dentro de la cerca de Felipe IV, junto al llamado portillo de Embajadores, entre las puertas de Toledo y Atocha, en el conocido como barrio de Embajadores, llamado así por haberse trasladado a esa zona, fuera de las murallas, los embajadores extranjeros que vivían en Madrid, con motivo de la epidemia de peste que asoló la capital en el siglo XV.

Construida por el arquitecto Manuel de la Vallina López de Castro, es casi el único ejemplo de la arquitectura industrial de Madrid. Tenía cuatro plantas: semisótano para al macenes, dos plantas para talleres y oficinas y una de buhardillas. De planta rectangular, se estructuraba alrededor de tres patios: el central, mayor y ajardinado, llevaba una espadaña donde iba un reloj; los dos laterales, menores, tenían una cubierta acristalada en su planta baja. Así se obtenía suficiente iluminación y ventilación, en las zonas de trabajo. En la fachada principal, que da a la calle de Embajadores, se abren tres puertas en los ejes de cada patio. La central, con embocadura dórica lleva un rótulo en su entablamento, y las laterales, más pequeñas, tienen un marco dórico más estilizado.

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Como muchos otros edificios madrileños, pronto se vio sometida a modificaciones: la elaboración del aguardiente se concedió a la condesa de Chinchón y la fabricación de los naipes a Heraclio Fournier, de procedencia belga. En 1808 el ejército de Napoleón utiliza el edificio como acuartelamiento y, por decisión de José Bonaparte, se emplea para la elaboración de cigarros y polvo (rapé), y a partir del 1 de abril de 1809, con la incorporación de 800 cigarreras, que conocían el arte de tratar las hojas de tabaco.

Llegó a ser en uno de los principales centros de producción de tabaco de la Península, ocupando a 6300 operarios en el año 1890.

El edificio fue pasto de las llamas en varias ocasiones y sufrió reedificaciones y ampliaciones, que culminan con la ampliación de la planta segunda en 1903, a cargo del arquitecto Amós Salvador Carrera. Posteriormente, en 1908, se construye una valla de fábrica de ladrillo, rematada por rejería metálica, a lo largo de la calle de Miguel Servet y en la glorieta de Embajadores. Una nueva reforma tiene lugar en 1929, consistente en la sustitución de tres alas de la planta de buhardillas, las situadas al sur, oeste y norte, por naves diáfanas para albergar la nueva elaboración de cigarrillos, que iban a sustituir a los cigarros puros. En 1945, Tabacalera S.A. adquiere el edificio y tras unas décadas de baja producción decide su cierre en el año 2000. Actualmente el Ministerior de Cultura lo ha destinado a centro de arte, gestionado por Promoción del Arte..


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