El Prado redescubre a Antonio Raphael Mengs, el pintor que dio forma al Neoclasicismo

El Museo Nacional del Prado de Madrid ha abierto una de las muestras más esperadas de su temporada: la ambiciosa exposición “Antonio Raphael Mengs (1728-1779)”, dedicada en exclusiva a uno de los artistas más influyentes —y a la vez olvidados— del arte europeo del siglo XVIII. La muestra, que permanecerá abierta hasta el 1 de marzo de 2026, está patrocinada en su totalidad por la Fundación BBVA y se presenta como la más completa nunca antes organizada sobre este creador fundamental del Neoclasicismo.

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A primera vista, lo que más impresiona al visitante es la amplitud y calidad de la propuesta: un total de 159 piezas —entre pinturas, dibujos, grabados, estudios sobre papel y piezas de arte decorativo— procedentes de más de 25 instituciones internacionales, colecciones españolas y colecciones particulares. Esta riqueza de préstamos permite trazar no solo un relato cronológico de la obra de Mengs, sino también un diálogo profundo entre su producción y las fuentes clásicas que le inspiraron.

Rescatar al creador del Neoclasicismo

La exposición nace de una idea ambiciosa: resituar a Mengs en el lugar de honor que le corresponde en la historia del arte. Aunque en su tiempo fue una figura de enorme peso —pintor de cámara de Carlos III y uno de los principales difusores de las ideas ilustradas en Europa—, su reputación sufrió el olvido en los siglos posteriores, en parte por su carácter difícil y sus polémicas con otros artistas y críticos de la época.

Comisariada por Andrés Úbeda de los Cobos (Jefe de Colección de Pintura del siglo XVIII y Goya del Prado) y Javier Jordán de Urríes (conservador de Patrimonio Nacional), la muestra desmonta la imagen tradicional de Mengs como simple pintor cortesano para revelarlo como un pensador del arte: un creador que reivindicó la escultura griega como modelo de belleza absoluta y que defendió con rigor un ideal estético basado en la razón y la armonía clásica.

Un recorrido por la vida y obra del artista

El itinerario expositivo cruza varias décadas de trayectoria, desde los primeros años de formación bajo la tutela de su padre en Dresden hasta sus estancias en Roma y su consolidación en Madrid. La influencia de maestros como Rafael, Correggio o Pompeo Batoni está presente tanto en sus pinturas religiosas como en sus retratos de la realeza y la nobleza ilustrada.

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Entre los elementos más llamativos de la muestra se encuentran obras preparatorias, dibujos y estudios que muestran el detallado proceso creativo de Mengs, así como el fresco “Júpiter y Ganimedes”, que se presenta como uno de los grandes hitos de la exposición. También se exhiben pasteles, acuarelas y manuscritos que ofrecen claves sobre su método y pensamiento artístico.

Más allá del artista: el contexto ilustrado

La exposición no se limita a la mera contemplación estética: propone una inmersión en el contexto cultural y filosófico de la Ilustración europea. Mengs no fue solo un pintor: fue un teórico del arte, un agitador de cánones, alguien que debatió con arqueólogos y críticos, y cuya insistencia en el retorno a los modelos clásicos tuvo consecuencias duraderas para la pintura europea.

Este enfoque se percibe también en la forma en que la muestra sitúa a Mengs frente a figuras de su generación y posteriores, incluidos artistas como Antonio Canova y, de manera indirecta, Francisco de Goya, cuya propia evolución artística bebió de las mismas fuentes que el de Mengs.

Reivindicación y memoria histórica

Uno de los aspectos más valiosos de la exposición es su voluntad de reivindicar una figura injustamente relegada al olvido. Como han señalado los comisarios, parte de esa desmemoria se debe a la dureza con la que Mengs defendió sus ideas y a la resistencia de muchos contemporáneos a aceptar sus críticas a artistas muy asentados en el canon, como Velázquez, lo que contribuyó a que su legado quedara eclipsado durante generaciones.

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Precisamente por ello, la exposición funciona también como un ejercicio historiográfico: nos invita a reflexionar sobre cómo se construyen —y a veces se destruyen— las reputaciones artísticas, y sobre la importancia de recuperar voces que transformaron su tiempo pero que han sido injustamente desplazadas en la narrativa convencional del arte.

Una cita ineludible para los amantes del arte

“Antonio Raphael Mengs (1728-1779)” es mucho más que una selección de obras; es una invitación a reconocer a un pionero cuya visión de la belleza y del oficio artístico marcó un antes y un después en la pintura europea. Para quienes visiten el Prado estos meses, la exposición ofrece una oportunidad única de acercarse a un creador que, como pocas veces se ha visto, combina la precisión técnica con la ambición intelectual, y cuya figura merece un lugar destacado en la historia del arte occidental.


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