Durante casi dos décadas, la Plaza del Emperador Carlos V estuvo dominada por una imponente estructura elevada conocida como el Scalextric de Atocha. Construido en 1968 para aliviar el caos del tráfico en uno de los puntos más transitados de Madrid, este entramado de rampas y curvas se convirtió en símbolo del urbanismo centrado en el automóvil. Hoy, desaparecido desde los años ochenta, el Scalextric de Atocha permanece en la memoria colectiva como uno de los episodios más llamativos —y controvertidos— de la historia urbana madrileña.