En la escondida calle de la Villa, muy cerca de la calle Pretil de los Consejos, nos encontramos el primer enclave esencial de la vida de Cervantes. Se trata del lugar donde impartía clases su maestro Juan López de Hoyos, el Estudio de la Villa.

Primero conviene aclarar un detalle que por ser repetido en numerosas ocasiones pudiera ser creído como verdadero y es que López de Hoyos no fue el maestro de primeras letras de Cervantes. Recordemos que la familia Cervantes llegó a Madrid cuando el muchacho tenía ya diecinueve años, lo cual nos hace suponer que el futuro escritor aprendiese a leer y a escribir en los años en los que estuvo en Andalucía, posiblemente a manos de los jesuitas..


El gramático Juan López de Hoyos tenía otro estatus académico y en nuestros años actuales sería como el profesor de bachillerato, es decir, los cursos preuniversitarios desde los que sus alumnos iban después por lo general a la Universidad de Alcalá de Henares.

Este centro de enseñanza tenía una sede anterior en la calle Segovia y también otro director previo a López de Hoyos, llamado Francisco del Bayo, que dirigió el Estudio hasta el año 1568. El Estudio de la Villa también tuvo su importancia en la historia de Madrid, pues bien pudo ser uno de los últimos vestigios de la educación renacentista como tal. No sería hasta el año 1608 cuando otros pioneros de la enseñanza, los jesuitas, dieron los primeros pasos en la fundación de lo que luego sería el Colegio Imperial en la calle Toledo, donde hoy día se halla el Instituto de Educación Secundaria San Isidro.

Sabemos de otros estudios de gramática gracias a un aventurero madrileño, el capitán Alonso de Contreras, quien en su biografía detalla cómo él acudía a clase en las cercanías de la calle Concepción Jerónima.

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En cuanto a la enseñanza impartida poco podemos saber, ya que no había un plan de estudios como tal, lo que sí sabemos es que Cervantes pudo tener acceso a múltiples lecturas de los clásicos e incluso, quizás a algunos textos de Erasmo de Rotterdam, pues hay quien piensa que la corriente erasmista que se desprende de algunas obras de Cervantes pudo haber sido aprendida justamente en este lugar.

Lo que sí conocemos es la identidad de algunos compañeros de Cervantes; la amistad con Luis Gálvez de Montalvo perduró décadas, como se deduce de los múltiples guiños que uno y otro se hacen en sus obras literarias. Cervantes, por ejemplo, menciona El pastor de Filida como uno de los libros que lee don Quijote, y Luis Gálvez elogia con sus versos a La Galatea.

Y este sería el breve pero intenso paso de Miguel de Cervantes por este centro de estudios de referencia.


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